Las utopías pendientes

Xose M. Núñez Seixas, Las Utopías pendientes. Una breve historia del mundo desde 1945, Crítica, Barcelona, ​​2015, 383 pp.

Es evidente que los convulsos años en que nos corresponde vivir nos obliga a replantear la mirada al pasado. Historiadores como Tony Judt nos ayudaron a releer globalmente un mundo en el que, hace un cuarto de siglo, acabó la guerra fría y nos obliga a redefinir un nuevo relato histórico. La gran crisis global de 2008 ha impulsado a los historiadores a proponer nuevas lecturas sobre el pasado y el presente. Algunas se han traducido en análisis brillantes, como las que ha publicado últimamente Josep Fontana, revisando los antiguos paradigmas historiográficos. Otras visiones sobre la crisis de los estados nación o el papel de occidente en la historia contemporánea (John Darwin), los motivos del fracaso de las sociedades (Daren Acemoglou y James Robinson), el retorno a la lógica de la geopolítica como motor del conflicto en las relaciones internacionales (Robert D. Kaplan o Mark Marzower), o las consecuencias sociales, morales y políticas de los procesos de globalización (Naomi Klein) nos obligan a analizar el pasado de nuevas maneras. Porque, ya se sabe, la mirada sobre el pasado es a menudo una fórmula para tratar de entender el presente.
En un libro recién publicado antes del verano, Xosé M. Núñez Seixas (Ourense, 1966), nos propone una nueva lectura sobre los años transcurridos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. En una línea con puntos coincidentes con la obra reciente de Fontana, el historiador gallego plantea el pasado reciente como una sucesión dinámica de éxitos y fracasos (sobre todo fracasos), de los últimos setenta años de historia. Núñez Seixas, que es uno de los historiadores más brillantes de mi generación, que se ubica en la periferia de la historiografía española (sin duda más interesante que la oficialista), plantea un análisis global a partir de cuestiones centrales de la contemporaneidad: El auge y caída del estado del bienestar, el conflicto entre historia y memoria, el retorno a la cuestión de los nacionalismos como eje central de los debates historiográficos, las luces y las sombras de la emancipación (?) de las mujeres, la cuestión ecológica, las tensiones entre civilizaciones, o las evoluciones divergentes de las diversas áreas geográficas de un mundo cada vez más multipolar. Todo ello, con un rigor académico brillante (aunque a menudo con excesiva corrección política).


Especialmente brillante y útil es la última parte, donde el autor aborda la historia inmediata a partir del corte que supone la caída del muro de Berlín (1989) y el caos y desorden posterior. Un caos y desorden estrechamente vinculante a la hegemonía del paradigma neoliberal y sus dramáticas (y ambiguas) consecuencias. Quizás aquí, por timidez, acaba siendo excesivamente prudente y telegráfico. Sin embargo, todo ello me hace pensar que los próximos manuales universitarios de historia contemporánea deberán fijar el 1989 como fecha de arranque.
Ha sido una lectura de verano, aunque no tiene nada de lectura ligera. Como ocurre con los buenos historiadores, es una obra bien escrita y documentada, y propone varias vías a explorar. Es una obra de proyección internacional en un mundo que, al menos desde el punto de vista intelectual y académico, está cada vez más interconectado. Una buena guía para aproximarse al caótico mundo que ha dejado el fin de la guerra fría.

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