Carta abierta a Pablo Iglesias

Estimado Pablo

Hace unas pocas semanas, por una de esas extrañas conexiones mentales, pensé mucho en ti. Te parecerá un poco extraño, porque fue después de un interminable vuelo transoceánico, al aterrizar en Vancouver. En los insoportables trámites de la aduana, leí toda la rotulación oficial en inglés y francés. El caso es que Quebec era a más de 3.000 kilómetros de aquella ciudad del Pacífico, y aunque no era la primera vez que estaba en aquel país, y en la zona anglófona, reflexioné sobre el esfuerzo que ponía la población canadiense para mantener la unión del país. Porque la proporción de los quebequenses de lengua francesa es, incluso, inferior a la de los catalanohablantes dentro del estado español. Y, curiosidades de la vida, así como en las zonas de habla inglesa encontrarás un escrupuloso respeto a la diversidad lingüística del país, cuesta encontrar nada escrito en inglés en la zona quebequense.

Todas estas reflexiones me venían a la cabeza para que tú, legítimamente, consideras que es mejor mantener la unidad política del estado. Aunque (no sin cierta ambigüedad) has mostrado favorable a la autodeterminación de nuestro país, Cataluña, preferirías que no hubiera una más que probable segregación. Para convencernos, hablas de un tipo de hipotética refundación del estado, de un proceso constituyente donde esta vez sí, se encontraría un espacio de convivencia confortable a lo que muchos políticos españoles, en voz baja, llamaban diversidad (palabra usada por el mismo Franco en su testamento político), y que, sin eufemismos, no es otra cosa que “plurinacionalidad”, es decir, la coexistencia de varias naciones de idéntica validez, y que sin embargo se organizan en base al supremacisme castellano, y utiliza el negacionismo para preservar esta desigualdad en derechos.

Me venía a la cabeza este esfuerzo del canadiense, y me venía, también en la cabeza, aquella famosa anécdota en la que una mujer de una ciudad castellana de provincias montó un pollo para el supermercado encontró un producto etiquetado en catalán. Una indignación que cesó desde el momento que el encargado le aseguraba que aquello era portugués “Ah, entónces Bueno”, se calmó. Aunque evidentemente esto no pasa de ser una anécdota que no sabría valorar hasta qué punto es representativa, sí resulta muy significativo de la ausencia de esfuerzo para montar un clima que permita pasar de una coexistencia cada vez más hostil entre las diversas naciones dentro del estado, hacia una verdadera convivencia. Como historiador, y como ciudadano que ya tiene cerca de medio siglo de experiencia en este estado, te he de confesar mi escepticismo. Ahora bien, te concedo la duda. La cuestión es, Pablo, tú que has hecho un gran esfuerzo para intentar construir un proyecto alternativo respecto al decrépito régimen de la Segunda Restauración, que serías capaz de hacer para restañar este proceso que nos conduce de cabeza hacia el divorcio, lo que jurídicamente se llama independencia?

Mira, Pablo. Te respeto profundamente. Soy consciente de que eres un académico brillante, tienes un discurso potente, tienes innegables virtudes y tienes algo que yo admiro de las personas: eres inteligente. Contrariamente a lo que podríamos pensar, la inteligencia no es una virtud política. De esto, imagino, ya deberás dado cuenta. Los vivos saben excitar a menudo los aspectos más sórdidos de los individuos, ya menudo las mayorías desconfían de las personas brillantes. También me consta, que conoces a fondo el tema catalán. Por lo menos, tienes relaciones estrechas con personas que dominan en profundidad la cuestión. Sabes que esto no es cosa de “nacionalismos” surgidos por generación espontánea. Me sorprendería mucho que te creyeras la sesgada lectura que de Gramsci hacía Solé Tura en torno a la cuestión catalana como monopolio de una determinada clase social. Imagino que eres consciente de que Cataluña es la posibilidad de ruptura respecto al régimen surgido de la Transición, este proceso que no fue sino la continuación del franquismo mediante un barniz democrático. Debes comprender, por tanto, que el feroz anticatalanismo que domina los medios oficiales (y que también se instala en buena parte de la sociedad española más tribal) es una especie de cordón sanitario para evitar un efecto contagio respecto esta ruptura posible.

Ahora bien, después de todo estos meses difíciles que te ha tocado vivir, sabrás que, por una cuestión de simple correlación de fuerzas, por una cuestión de número y tradición política, la ruptura sólo es posible en Cataluña. Y es mediante un proceso de independencia. Un proceso que implica independizarse respecto a un sistema político que resulta un fraude democrático, respecto a un “estado profundo” con respecto a los beneficiarios del franquismo, beneficiarse de los espacios estratégicos de la administración, respecto a una monarquía impuesta por un dictador psicópata. Y, aunque seas de letras, debes ser bien consciente de que, dentro del estado, Podemos y sus hipotéticos aliados no dispondrán más de suficiente número ni fuerza para modificar esta situación. En Cataluña, sí. Aunque el precio sea romper con este estado que es prisión de pueblos, prisión de clases sociales, prisión de disidentes, prisión de todo aquello que no esté de acuerdo con el rancio poder de la rancia aristocracia extractiva dominante.

De hecho, pienso que tú y buena parte de tus colaboradores, podrían hacer un excelente papel en el proceso constituyente catalán, que efectivamente se llevará a cabo a partir del momento en que nos declaramos independiente. También sería oportuno para reforzar la coalición de fuerzas entre los diferentes grupos sociales de una Cataluña esencialmente plural y con intereses divergente. De hecho, pienso que serías muy bienvenido a construir una República Catalana. Como bien sabes, y contrariamente a la propaganda que inunda los medios y los prejuicios hispánicos, nosotros no preguntamos de dónde vienes ni porque has venido a la gente que viene de todas partes, sino “en la que te gustaría colaborar”.

Ahora bien, acepto y me hago cargo de tu aspiración a construir una España diferente, a pesar de que muchas de las renuncias que ha hecho a Podemos por “centrarse” os devalúa el proyecto hasta la categoría de “regeneracionismo”. En España, el regeneracionismo no sirve, como sabemos los historiadores. No se puede regenerar un muerto. España, como estado, hay que levantarla de nuevo, probablemente más pequeña y más igualitaria, abandonando su instinto imperial y sus manías supremacistas.

Sin embargo, ¿qué estarías dispuesto a hacer para mantener un vínculo entre España y Cataluña? Aceptarías un estatus diferenciado de las naciones? Sería Cataluña, Euskadi, y los gallegos si así lo deciden, ser “estados libres asociados” con su diplomacia, sus selecciones deportivas nacionales (los símbolos son extraordinariamente importantes), su representación directa a los organismos europeos e internacionales ?, junto de una España con comunidades autónomas? Permitirías la constitución de unos Países Catalanes (si valencianos e isleños así lo deceixen?) Harías del catalán lengua oficial en toda la confederación?

Más cosas. Enviar los borbones fuera del país? Aquí no toleramos cabeza de una familia con antecedentes que servirían para varias temporadas de HBO. Rehace los símbolos que representan España? Porque, lo siento mucho, los símbolos oficiales que representan España son del todo incompatibles, pues no son más que símbolos franquistas. La marcha real además de musicalmente abominable representa la España negra y militarista. Si me permites, yo propondría un himno hispánico diferente, como por ejemplo “El canto a la libertad”, de Labordeta, capaz de reunir sensibilidades más adecuadas. Y una nueva bandera hispánica donde hubiera presente el negro que simbolizara el oscuro pasado hispánico, y el blanco, a la vez símbolo de igualdad y de empezar la historia como una nueva página de oportunidades.

Bien. Me gustaría que tuvieras unos excelentes resultados en las elecciones españolas. Sin embargo, sabes perfectamente que antes tocan las catalanas. La única manera de que España pueda dejar atrás una historia para llorar, es darse cuenta de sus errores y una firme voluntad de empezar de cero. Y eso no pasará sin la independencia de Cataluña. Es por eso que pienso que deberías ser consecuente, y sobre todo, valiente.

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