Antonia Maymon, anarquista, maestra, naturista

Maria del Carmen Agulló Díaz y Pilar Molina Beneyto, Antonia Maymona, Anarquista, maestra, naturista, Virus, Barcelona, 2014, 287 pp.

Sería hacia finales de 2007 cuando me encontré con Pilar Molina. Fue en el domicilio barcelonés de nuestro amigo y colega común, el historiador triestino Claudio Venza. Me explicó entonces que estaba trabajando en la biografía de la maestra anarquista y naturista Antonia Maymona. El nombre me resultaba familiar, porque aparecía en prácticamente la mayoría de las revistas culturales ácratas de las décadas de 1920 y 1930 que tanto había trabajado para mi tesis doctoral. La presencia de la pedagoga libertaria era frecuente en los círculos intelectuales y culturales del universo anarquista, y sin embargo, las pistas alrededor de su vida eran más que escasas, muy por debajo de la relevancia del personaje. Animé Pilar a profundizar sobre el tema ya ponerme al corriente de sus progresos. Ella era plenamente consciente de las dificultades de trabajar con tan pocos datos, más allá de una buena recopilación de textos que iba espigando.

Pocos meses después, me enteré de la muerte repentina de la documentalista e investigadora feminista. Me impactó la noticia, y pensé que la biografía de la maestra aragonesa quedaría olvidada como muchos otros proyectos. Por eso, cuando me enteré de que la historiadora Carmen Agulló había completado y ampliado la investigación de Molina corrí a adquirir el libro, como mejor homenaje, no sólo a la desaparecida coautora, sino también por la curiosidad de intentar redescubrir un personaje comparable, en cierta medida, a tantas figuras femeninas obligadas dentro del mundo anarquista, a Federica Montseny, Teresa Mañé o Teresa Claramunt.

Maymón es, en buena medida, una buena muestra de las maestras racionalistas itinerantes. Con una formación más cercana a la escuela horaciana que a la ortodoxia ferreriana, Maymona había destacado como activista social, organizadora y pedagoga, con un buen grupo de textos de reflexión dentro de las publicaciones educativas y libertarias. Con una familia, parece que convencional, y un formación académica de la época (obtuvo de manera rápida el título de maestra nacional), su trayectoria se inicia en los primeros años del siglo arrastrada por la efervescencia revolucionaria de la primera guerra mundial. Apreciada por su competencia profesional y su compromiso, y perseguida como anarquista por las instituciones estatales y los garantes del orden capitalista, su será una vida nómada de profesora donde las secciones de la CNT la reclamarán para sus escuelas -como servicio para los afiliados-. Además, iniciada en el grupo de Salud y Fuerza, será una de las grandes defensoras del naturismo libertario, el amor libre y el nudismo. Como sucede con la mayor parte del movimiento libertario, y más para una mujer con concepciones morales iconoclastas para la época, su persecución será constante, con periodos de prisión y extrañamente (especialmente en la posguerra) acompañado de una incomprensión general por parte de algunos sectores afines, escandalizados por sus convicciones personales.
Sin embargo, el libro refleja lo que ocurre con tantas y tantas figuras olvidadas. En contraste con su relevancia personal, habrá etapas de su vida donde faltan testimonios y documentos. Hay algunos años en blanco en la biografía. El anarquismo sigue siendo un universo invisible para los historiadores convencionales, y en un estado donde hay grandes limitaciones archivísticas, resulta difícil encontrar las pistas necesarias para resolver muchos de los interrogantes que suscita la lectura de la biografía.

El gran acierto del libro es la reproducción de una selección de textos, de temática diversa, de Maymona. Destaca su pensamiento pedagógico, de línea horaciana, su visión sobre el naturismo libertario, o sobre aspectos de morales. Especialmente significativo resulta su “feminismo” antiburgués, muy en la línea del defendido por su compañera de militancia Federica Montseny. También, como ella, publicó novela en la colección de La Revista Blanca. A diferencia suya, no tuvo la opción de exiliarse, por lo que pasó doce años de prisión, y depurada del magisterio, tuvo que sobrevivir dando clases particulares, en unas condiciones pésimas. El olvido decretado de la Transición mantuvo, a ella y tantas otras, en esta especie de clandestinidad del recuerdo que ha segregado de la memoria oficial del anarquismo.

La biografía tiene buenas virtudes, y un punto de frustración. En cierta medida, es una obra inacabada, como también resulta inacabado un movimiento libertario que parece resurgir, al menos, en el siempre peligroso mundo de las ideas.

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