España senil

De todo este proceso vivido en los últimos años, hay una cosa a la que no me acostumbro. Me duele ver la obstinada resistencia, por parte española, a ser consciente de la magnitud de la tragedia. España y Cataluña se han separado de forma, pienso, prácticamente definitiva. Años de desencuentros y la mutua incapacidad para reconocerse, años de desavenencias y de progresivo distanciamiento no han sido suficientemente, para que desde el otro lado haya indicios de vida inteligente. La perorata del presidente del gobierno español, este mediodía, se convertía en un ejemplo de cómo buena parte de la sociedad española se ha autoanestesiado. Se han convetido en adictos a las propias mentiras que, en el pasado, usaron para sacar réditos. No han entendido que a lo largo de muchos años la concatenación de múltiples errores han hecho precipitar, como una lluvia fina, litros de resentimiento entre la ciudadanía catalana. Ahora Rajoy, frente la crecida incontrolada del soberanismo intenta improvisar los diques de la legalidad. La mayoría de la clase política hispánica, su establishment confían ingenuamente poder contener el desbordamiento de una sociedad que hace de la consulta una expresión de libertad. El PP, el PSOE y sus medios afines tratan de hacer ver que no pasará nada, …
Y sin embargo, la forma en que han puesto en marcha la maquinaria estatal y mediática hace evidente que los catalanes han planteado el mayor desafío al régimen de democracia vigilada instaurada para redecorar la “Victoria” franquista. Se les ve nerviosos. Ponen cara de darse cuenta de que su autoridad se halla en entredicho. Tras la presunta dureza de sus mensajes, sienten similares escalofríos a la de los burócratas de la RDA a la hora de afirmar y reafirmar que no se permitiría atravesar el muro. Se expresan como los dirigentes que empiezan a darse cuenta de cómo su poder se desvanece en la medida que la gente no obedece sus consignas.
Sigo sin acostumbrarme a esta incapacidad de reflexión y de autocrítica. Contemplo sus patéticos intentos de personalizar el movimiento tectónico independentista como una causa personal del presidente Mas, en el sentido que repiten como un mantra el proverbio español de “muerto el perro se acabó la rabia”. Escucho decepcionado los torpes argumentos que asocian indefectiblemente el nacionalismo con el peor de los males (cuando éste se trata de una opción política demasiado poliédrica para alabar o desautorizar categóricamente). Considero mi inteligencia insultada cuando atribuyen la situación actual a una especie de trastorno de personalidad colectivo y transitorio que ya pasará. O me siento ofendido cuando tratan de intimidarnos hablando de la hipotética fractura interna de una sociedad catalana movilizada.
Yo, que a lo largo de muchos años me he sentido español, que no tenía demasiados problemas para identificarme como tal, que hacía míos un montón de referentes culturales y colectivos, me siento profundamente dolido por cómo esta España secuestrada por los herederos del franquismo, con la aquiescencia de una oposición que no se opuso, se ha tapado los ojos y las orejas, y brama desordenadamente, desesperadamente, tratando de hacer ver que no pasa nada mientras, realmente, se vislumbra la perspectiva de su disolución. Me duele ver esta España senil que se resistió a dialogar y aceptar su realidad diversa, y ahora trata de evitar lo inevitable, a destiempo y con formas patéticas.
Me duele ver cómo las mentiras y la manipulación de los herederos del franquismo, y de un PSOE cooptado por el estado español, han propiciado este distanciamiento profundo entre catalanes y españoles, con un resentimiento mutuo creciente que sólo los años, desde los estados respectivos, será capaz de apaciguar.
Y lo que más daño me hace, sin duda, es la indiferencia de muchos españoles intel • inteligentes y generosos, personas con capacidad de comprender la dimensión de los problemas. Hay una frase de Martin Luther King que lo resume a la perfección: “no recordaremos tanto los insultos de nuestros enemigos como los silencios de nuestros amigos”.

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